“The Best, The Worst and The Ugliest” vs “We can”

Franklyn Avenue es una avenida de contrastes, de esperanzas y de sueños rotos. Está insertada en el medio de ninguna parte. Alejada del derroche de Manhattan y del toque remilgado y burgués de las orillas del Brooklyn Bridge; y más cercana a la pobreza, miseria y desatención social de los entresijos no publicitados de Nueva York. Da cuenta del Brooklyn más profundo, de la tierra donde “baila la bala” y su bailar se lleva la vida de niños inocentes (40 el pasado año), que pagan caro el error de vivir alejados de la suerte en un lugar donde las drogas, las armas y la frustración, son las únicas leyes vigentes.

La regla es caminar con la cabeza alta, aparentando superioridad y seguridad a partes iguales, aunque por dentro vayas rogando benevolencia y protección divina por ser la única blanca no judío en un lugar donde los negros y hebreos viven separados, únicamente, por los postulados endogámicos que el progreso no acierta a borrar. Si bajas la cabeza parecerás un pobre corderito dentro de una jaula de buitres, y puede que esa sea la forma de recibir la bienvenida en una de las partes más olvidadas de Norteamérica. La policía parece ser un ente no fiable, o al menos, uno de los grupos en conflicto de una guerra que día a día se libra en las calles. Cualquier niño podrá decirte cómo comportarte frente a un miembro de la NYPD y cómo suplicar al cielo cuando este susurre a su hombro.

“¿Qué pasa, los pijos europeos no sois capaces de abrir una puerta de una patada?”. El primer día, al oírlo, te ríes. “Es que en mi casa basta con la llave”, piensas. Cuando llevas una temporada allí, tu conciencia te martiriza. Te empiezas a sentir afortunada y niñata a partes iguales por haberte reído del negro. Por venir de un lugar donde la seguridad es algo más que estar o no estar muerto. De una burbuja de bienestar donde puedes entrar a tu casa sin avisar ni hacer ruido. No como aquí : “Sonia, ¿eres tú?¡Menudo susto que me has dado! Ya iba a sacar mi pistola…”

 

Nunca pasa nada, y si pasa, se mira hacia otro lado:

 

-Patricia (mi host-mum), ¿sabes qué ocurre en la calle?

-Nada.

– ¿Cómo que nada?. Hay prensa, policía, y la zona está acordonada…

I am inside, you are inside so everything is OK.

En el portal de enfrente  acababan de tirotear a un hombre por tráfico de drogas, o porque no había tenido dinero suficiente para pagar su ración de heroína después de consumirla. Pero nosotros nos pusimos a cenar como si nada.

Comienzas a sentirte neoyorkina cuando corroteas por el Subway sumida en el ritmo frénetico del que dice ser el corazón del mundo; cuando te paran por las calles y, creyéndote de aquí, te preguntan una dirección y tú empiezas a hablar de bloques y números que se cortan… Y te sientes dolosamente neoyorkina cuando sin querer, te das cuenta de que has aprendido a mirar a otro lado. Cuando has comprendido que hay tantas cosas que cambiar, que es mejor refugiarte en tu Ipod que caer en la frustración de saber que son tantas que no hay nada que hacer.

Mis cenas de ese verano acababan cuando la Convención Demócrata acaparaba el prime-time de la televisión. Entonces mis host-parents olvidaban su vida en ese bulevard de sueños rotos, soltaban sus alas y capitaneados por Obama se dejan llevar a un lugar donde, bajo el lema del “We Can”, estaba permitido soñar. Luego volvían a la realidad, esa que se enmarcaba dentro de un apartamento de Brooklyn de paredes desconchadas y puertas abreapatadas. Me intentaban descifrar lo que él quería decir, y era entonces cuando en sus ojos brotaba la felicidad que muchas veces sólo una utopía sabe regalar. “Sonia, cuando seas periodista prométeme que recordarás esto”, me decía mi host-mum: “América is the best, the worst and the ugliest”.

Patricia, hoy también espero decir que tu Obama lo supo cambiar.

 

 

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5 Comments Add yours

  1. Señor Pato says:

    Y yo que no me creo que un solo tío, por muchos votos que consiga en las elecciones y mucho carisma que tenga, vaya a conseguir cambiar todo esto… no porque no tenga intención, sino porque no le dejen, que hay muchos intereses y mucha pasta en juego, y sobre todo porque no es nada fácil cambiar la mentalidad de 300 millones de personas en su inmensa mayoría fanáticas religiosas, y por tanto capaces de cometer cualquier irracionalidad porque su dios (o peor aún, quien dice ser su representante) se lo pide…

  2. kiarinha says:

    Siempre te digo q no menosprecies el valor y la fuerza q aporta un sueño para levantarte cada día!! Y creeme que allí has de ser un valiente cuando llega cada mañana. (Y tú bien que los sabes, q t llamé llorando y suplicando para q consiguieras q m trajeran de vuelta)

  3. Bueno Sonia, me has dejado alucinado. Para empezar, tienes más conocimiento que yo de allí ya con tu experiencia, y si, yo a veces he pensado la suerte que tengo de haber nacido en España (aunque a veces no me guste lo que pasa por aquí). Pero esto de acuerdo con “Señor Pato” en muchas cosas. Puede intentar cambiar muchas cosas, pero él sólo no podrá, necesitará mucha ayuda para cambiar todo, y enfrentarse a los que no le dejen. Sabe de sobra que corre peligro cuando sale a la calle. Pero por lo menos, aunque no consiga mucho, ya ha comenzado a realizar algún cambio, y falta ahora ver como actúa a partir del 20 de enero .

    Un saludo!!! Me gustaría que escribieras algún día sobre memoría histórica.

  4. PopArt says:

    Hola!
    Sigo tu blog desde hace algún tiempo, y he de decirte que tanto tus ideas como tus palabras son realmente buenas, y en definitiva dejo este comentario para darte mi enhorabuena.

    Cuidate,

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