Demócratas de palo

voltaire“No comparto su opinión, pero defenderé hasta la muerte su derecho a expresarla”  Esta frase siempre me ha llamado mucho la atención, la lees y la relees y no dejas de preguntarte cómo con tan pocas palabras se puede decir tanto. Es de Francois Marie Aruoe, más conocido como Voltaire. Aquel integrante de ese trío galáctico de pensadores, que junto Rosseau y Montesquieu dotaron de teoría y razón, a esa ola de intelectualidad que sacó a Europa del ostracismo, llamada Ilustración. Los mismos cuyas ideas servieron de caldo de cultivo a un naciente movimiento democrático libertario que progresivamente fue extendiéndose por Estados Unidos y Europa, hasta intentar abrazar el mundo.

Esta frase de Voltarie es en definitiva una ley básica de la democracia, el inicio de todo. El compromiso, sin el cual, el juego no funciona. Algo tan simple como respetar al contrario aunque piense diferente a ti, y algo tan complicado como defender su derecho a expresar lo que siente aunque vaya en tu contra. Lección 1 de Democracia.

Sinceramente yo creo que a mí en esto de la democracia me queda mucho por aprender, por lo que me considero alumna de todo y docente de nada, pero si sirve, aportaré algo que durante todo este tiempo ha mantenido a salvo un bien tan preciado para una como es la integridad. El ser humano nace y es libre, la libertad es un bien inalienable para todo ser humano. Un tesoro que ha de ser protegido, tanto por las instituciones, como por nosotros mismos. Y es a esa libertad a la que nunca tenemos que renunciar para formar nuestras opiniones. El sentido común, el menos común de los sentidos, es el que te tiene que guiar para decidir si algo está bien o no, si algo te gusta o no, si quieres votar a algo o no. Esa libertad es la que da origen a la democracia, y la que también nos conforma como ciudadanos libres. En el momento en el que decidimos dar nuestro sí a una idea sin pensar, simplemente por seguir la corriente, o porque el color que supuestamente llevan nuestras filias así nos lo manda, perdemos nuestra libertad. Pasamos de ser ciudadanos a simples borregos sin más. Renunciamos a un derecho, a un compromiso y a un deber: renunciamos a pensar.

Presento mi rechazo a todos aquellos que dan clases de democracia sin respetar las ideas de los demás. Los mismos que se creen superiores por “profesar” una determinada ideología. Aquellos que quieren borregos  a los que adoctrinar más que ciudadanos a los que convencer sentido común mediante… Es sólo una opinión. Pero al fin y al cabo, ¿qué es la democracia si no?

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