La importancia de elegir TU CAMINO a seguir

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Mi padre es un hombre parco en palabras. Quizá por eso, cuando habla, conviene hacerle caso. Nunca ha sido uno de esos padres que se sientan a tu lado, te ponen el brazo por encima y empieza a filosofar sobre la vida. Al contrario. De hecho muchas veces hubiese querido que fuera como esos padres que salen en las pelis americanas, esos que aparecen en el peor momento con la historia y el consejo perfecto para sacar al hijo del atolladero. Pero nunca fue así. Tuve que aprender a palos, vamos, como aprendemos todos…

 Os contaba que mi padre es un hombre parco en palabras, y por ello cuando habla hay que hacerle caso. Una mañana apareció con un email que le  había llamado particularmente la atención. Tanto que quería leérmelo. En el correo hablaba de que todos los días, ante nosotros, aparecen miles de oportunidades, de decisiones que tomar, y qué tu tienes que decidir qué hacer. Y que lo puedes hacer bien o mal. Pero que tienes que decidir hacerlo bien. En definitiva, me hablaba de la importancia de saber elegir. Me hizo tanta ilusión que mi padre me diera un consejo, o que al menos lo intentara, que hice por guardarlo y retenerlo. Aunque no supiera qué quería decir, aunque no supiera bien para qué…

Se dice el pecado pero no el pecador… Pero es que hoy, quién sabe si después de una larga conversación, o como consejo velado a alguien que dudo que me quiera escuchar, me he dado cuenta de lo que ese día me quería enseñar mi padre:

 No hay peor camino que el que no se puede ver. Muchas veces dejamos que la vida decida por nosotros. Simplemente, nos dejamos llevar. No sabemos qué elegir, qué hacer y mucho menos cómo hacerlo. Y como consecuencia, lógicamente, nos dejamos llevar por la corriente. Y es entonces cuando, esa falta de decisión, nos priva de nuestra libertad de decidir en todo lo demás. Si nos sabemos a dónde vamos entonces… ¿cómo sabemos cuáles son las decisiones correctas? o es más, ¿cómo sabemos cómo y cuándo hay que elegir? La falta de objetivos en nuestra vida convierte nuestra existencia en la frustrante parodia de un barco a la deriva. No sabemos qué hacer, no sabemos dónde ir, y el tiempo pasa.. Quizá demasiado rápido. Y, como la pescadilla que se muerde la cola, esto sólo genera más y más frustración. Pero aún en ese momento puedes y debes elegir. Debes ir a por el timón…

Igual “simplemente” hace falta convertirnos en el peor y más cruel de los examinadores, y autorealizarnos un examen de conciencia. Después, decidir a dónde queremos ir, y entonces, y sobre todo, marcar cómo vamos a hacerlo. Con la meta definida y la ruta calculándose en el GPS, todo es más fácil. Entonces, ante nosotros comenzaran a aparecer retos y oportunidades, pero como ya tenemos marcado el que queremos que sea nuestro camino, todo será mucho más llevadero.

Aún así puede que nos equivoquemos en alguna decisión, que no os quepa duda que así será. Y es que raro es el camino que no tiene alguna curva…  Pero si os sirve de consuelo al menos yo, personalmente, hoy por hoy no borraría ninguno de los errores que he cometido. No los he olvidado, viven conmigo y  les he cogido hasta cariño. Al fin y al cabo, fueron ellos los que me enseñaron todo lo que  no pudo mi padre…

Si yo fuera tú no dejaría que nadie dijese de mí que no sé lo que quiero (ni siquiera yo)

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