Profanadores de sonrisas

Miraos un momento al espejo antes de leer este artículo. Os tenéis que fijar en las comisuras de vuestras bocas, y notar si en torno a ellas tenéis unas pequeñas arruguitas aparecidas a base de sonreír y sonreír constantemente. Si es así, prestad particular atención a esto que os voy a contar. Porque os diré que, sois presa fácil…

Que no os engañen, el mundo es un lugar muy bonito para ser feliz, para disfrutarlo. Aunque los telediarios y estos “profanadores de sonrisas” de los que va mi artículo quieran contarnos una cosa diferente. Cada día, el mero hecho de estar vivo, es la primera y gran razón por la que sonreír. La segunda, puede ser ver a tu lado a esa persona a la que quieres (y por la que tanto luchaste y luchas cada día), la tercera, escuchar la voz de esos amigos que están siempre a tu lado, aún en esos momentos tontorrones en los que ni siquiera nosotros nos aguantamos.

La familia, y lo bien que sienta un abrazo de corazón de un ser querido. Un niño que juega por el parque ajeno a toda esta gran movida que es la vida. Una serie tonta de televisión, un recuerdo que viene a tu cabeza y te hace soltar una carcajada… Un chiste, una broma tonta, una gracia soltada en el momento adecuado (cuidado que estás ultimas cosas solo son aptas para aquellos que tenían las arruguitas en las comisuras de la boca, ser feliz es fácil, hacer que los demás lo sean no tanto…)

En definitiva, cada día puedes encontrarte mil motivos para ser feliz, tan solo has de buscar por el lugar adecuado. Ser positivo, optimista, luchador nato y por qué no, saber reírse con uno y de uno mismo. Así se es feliz, y es que la felicidad, al fin y al cabo, no es un estado emocional, es un modo de vida. Una forma de ver la vida.

Quizá por eso hay gente que se pasa la vida buscándola, y es que es un preciado bien que, además, causa una gran envidia a aquel que cree que no podrá tenerla nunca. “Tengo dinero, tengo un buen trabajo, he hecho las cosas como siempre me dijeron que había que hacerlas, he sido obediente, he hecho obedecer, y todo el mundo me presta respeto cuando aparezco con mi cara de perro… ¿Por qué no soy feliz? Es más… ¿y por qué ese que no tiene ni la mitad de dinero que tengo yo, ni la mitad de respeto, ni ha hecho las cosas como había que hacerlas…? ¿por qué ese tiene tantos amigos, por qué es más querido que yo, por qué va siempre sonriendo, ¿por qué es feliz?”

Así se forja la personalidad de una profanador de sonrisas nato… Infeliz por naturaleza, encontrará su supuesta felicidad tachando, borrando, e incluso enterrando para siempre la sonrisa del que una vez envidió por ser feliz. Del que una vez envidió por tener una vida (y una forma de ver la vida) que este profanador de sonrisas siempre quiso, pero nunca pudo ni podrá tener.

El profanador se acerca a su presa sometiéndola a un marcaje profundo. Inquisidor de tu vida, la fiscalizará al detalle y, como esa canción de IKEA, se convertirá en un lorito de repetición sólo capaz de decir aquello de “esto no se toca, esto no se hace, con esto no se juega…”. Los profanadores de sonrisas tienen un arma letal: su mirada. Comúnmente, en la calle, se conoce como “cara de perro”, y estos “no se hace, no se dice, no se toca” lo acompañan con una profunda, seca y tajante mirada, que te paraliza los músculos borrándote la sonrisa de un plumazo. El problema de los felices es que también somos confiados por naturaleza y, en consecuencia(perdón por la osadía), buena gente. Dejamos a estos profanadores que entren en nuestras vidas, les dejamos la puerta abierta. Y ellos, lejos de agradecernos nuestra hospitalidad, cumplen su labor. Destruyen nuestra sonrisa y, si hacen bien su trabajo, nuestra forma de ver el mundo se vuelve tan gris como ellos. Es entonces cuando ellos empiezan a sonreír. Cuando llega entonces su felicidad. Cuando ganan, cuando a mí, particularmente, me han ganado.

Vosotros aún estáis a tiempo. Identificad a estos profanadores y echarlos de vuestra vida. La felicidad es un preciado bien… Demasiado preciado como para ponerla en juego. Acordaos, son letales.  

 

PD: Gracias, profanador@ de sonrisas, por dotarme de la literatura necesaria para escribir este post 😉

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