José Mourinho, él, él, él y sólo él

Jose-Mourinho

2 de Mayo de 2012. Estadio de San Mamés. Tras ganar por 0 a 3 al Athletic de Bilbao, el Real Madrid se proclama Campeón de Liga. En el banquillo, tras el pitido final del colegiado, se desata la euforia. Mientras los jugadores suplentes corren al centro del campo a fundirse en un gran abrazo con el resto de sus compañeros, José Mourinho parece saludar al cielo formando un 4 con su mano derecha. 4 campeonatos nacionales con 4 equipos distintos. 3 de ellos, los más importantes del mundo. Se convierte en el único entrenador capaz de lograrlo. En su solapa, el escudo del equipo más laureado del mundo. 32 ligas. Pero Mou sigue llamando la atención de los medios de comunicación con ese 4 en la mano. Lo había conseguido, había entrado en la historia. 32 ligas no importaban. El número era el 4. Liga Portuguesa, Premier League, Scudetto, y ahora liga Española. 4. Oporto, Chelsea, Inter de Milán, Real Madrid. 4. José Mourinho, eficacia demostrada. José Mourinho, él, él, él y sólo él.

Cuentan las malas lenguas, aquellas que utilizan el español como lengua nativa en lugar del portugués, que los pesos pesados del vestuario madridista no guardan muy buen recuerdo de ese famoso 4, muestra una vez más del carácter personalista y egocéntrico de su mister. Para la afición, en esa rama del madridismo de manual y más ortodoxo, tampoco se vio muy bien eso de enorgullecerte de tus logros personales en vez de hacerlo por haber ayudado a engrosar el palmarés del club más laureado del mundo. Y es que nunca ha gustado esa forma de “utilización” del escudo madridista, de su tradición, de su prestigio y  de su historia, que desde que entró por la puerta de Concha Espina viene haciendo José Mourinho. Ganar un par de títulos más y seguir con su camino de éxitos,  ese parece ser el deseo del genio portugués. “El Madrid es un club de meta, nunca intermedio” le contestan los periodistas deportivos más afines a la Casa Blanca. “Entrenar al Madrid siempre es el final de ciclo de cualquier entrenador del mundo, después de eso, no se puede aspirar a más…” La institución, el prestigio de la institución. Pero el ego de Mou, parece haberle trastocado incluso el verdadero orden de las cosas. Para Mourinho él, él y sólo él. Él es la instutición. Nada ni nadie puede estar por encima, ni siquiera la gloria del mejor club del Siglo XX según la FIFA, ni hablar de las vacas sagradas del vestuario. José Mourinho, él, él, él y sólo él.

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Antes de su llegada a Madrid, el gran Mou era retratado por la prensa como un entrenador tan odiado por los medios como amado por sus jugadores. Según contaban, la técnica de Mou era vestirse tras un disfraz de provocación en las ruedas de prensa, de forma y manera que lograba acaparar todo el calor de los focos mediáticos para él, mientras dejaba a sus chicos sin presión alguna y preocupándose sólo por hacer bien lo que realmente sabían hacer bien, y eso era jugar al fútbol. O muy mal nos retrataron el perfil, o ese Mou muy poco tiene que ver con el tirano que han encontrado los jugadores madridistas llevando el bastón de mando del vestuario. Mou es ese jefe que ninguno de nosotros quiere tener, el que hace los triunfos suyos mientras achaca las derrotas y los fracasos a la inoperancia de sus subordinados. No le importa cargar contra Ramos u Ozil o defenestrar para siempre la moral de Pedro León. José Mourinho, él, él y sólo él. Bueno, perdón, José Mourinho, él, él y sólo el, y como le dijo Ramos “y los que llevan pasaporte portugués” (y su representante es Jorge Mendes, añado).

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El narcisismo de José Mourinho es tal, que es capaz de echarle un órdago a toda la institución madridista poniendo a su máximo valedor entre la espada y la pared. A un Florentino Pérez que anterior a la llegada del portugués alardeaba de los valores de señorío y humildad que siempre habían acompañado al Real Madrid, y que ahora parece tragarse a la hora del desayuno cada vez que le ponen los diarios deportivos acompañando el café. Sienta al capitán en el banquillo por decisión técnica. El “Santo de Móstoles”, aquel que tantas veces ha salvado al madridismo y al orgullo patrio, tiene que pasar 90 minutos de escarnio público en el banquillo, acaparando por completo una atención mediática de la que siempre ha huido la humildad del mostoleño. Después de burlarse en público de Alberto Toril y de la eficacia de la cantera blanca, deja a la joya de la corona en el banquillo. Al gran capitán, a alguien que ha mamado desde niño lo que es y lo que supone llevar grabado en el pecho el escudo del Real Madrid. Algunos en el gesto vemos la vendetta del quiero y no puedo del portugués, ante la marca y seña de una gloriosa España doblemente campeona de Europa y vigente y reluciente campeona del mundo. Para la mayoría, es un órdago de José Mourinho a Florentino Pérez, a la institución y a todo el madridismo. José Mourinho quiere ser él, él, y sólo él. También en el Real Madrid. Sin sombras. Él y sólo él. ¿Se le arrodillará el Madridismo? 

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  1. asdf says:

    “señorío y humildad que siempre habían acompañado al Real Madrid”… ejem… http://www.marca.com/blogs/la-liga-hecha-un-cromo/2012/11/30/del-pizo-eres-mi-idolo-a-la-venganza-de.html

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