El día en el que la vida te manda al banco

Iker Casillas Banquillo

Dicen que la vida es todo eso que se te pasa un día por la mente mientras, te quedas en silencio, te muerdes el labio inferior y sacudiendo a un lado y a otro la cabeza piensas eso de… “quién me mandaría a mí”

Irremediablemente, por muy cuasimortal que te sientas, por muy ídolo de multitudes que seas, o incluso por lo muy alargado que sea tu palmares, llega ese momento. Llega el momento en el que la vida te sienta en el banco. Sin mediar palabra. Sin excusas. Sin remedios. Puede que casi, hasta sin soluciones.

Y es que la vida es ese amigo traicionero, que bajo una sonrisa tontorrona y pueril, te endosa la peor de las puñaladas traseras cuando ni siquiera te das cuenta. Los aplausos, las palmaditas en la espalda, la verborrea de los halagos fáciles son el peor de los bálsamos y la mejor de las distracciones. Te endiosan, te dejas endiosar, y poco a poco, y sin darte cuenta, tus pies dejan de tocar el suelo.

Mientras tanto, tu cabeza ya vuela por las nubes. Entonces, te conviertes en el más fácil de los blancos.  En premio y objetivo suculento para aquellos amantes de la envida como modo de vida (en nuestro país, cada vez más, por cierto) que desde que empezaron a oler tu éxito comenzaron a tramar su estrategia sobre los cómos, cuándos y porqués hacerte caer. Allí están, cual buitres carroñeros alegrándose y alimentándose de tu desdicha, poniéndose verdaderamente gordos con el más alto de sus alimentos hipocoláricos: tu cara de tristeza en ese día en el que la vida, te manda al banco.

“La gente tira a matar cuando volamos muy bajo…” Decía la canción. Quizá por eso recomendaba volar, volar alto, casi tanto como el mismísmo Félix Baumgartner, a niveles extratosféricos en los que ni siquiera te pueda alcanzar la envidia. Sí, efectivamente estamos hablando de muy lejos.

La vida es todo aquello que te pasa por la mente mientras te muerdes el labio y, como queriendo sacar esos errores a toda costa de tu memoria, sacudes tu cabeza de un lado a otro mientras piensas “quién me mandaría a mí”. La vida está repleta de errores. Siempre llega ese momento en el que te mandan al banco. Aún así, puedes seguir siendo un ganador. Puedes seguir siendo ese héroe de multitudes. Incluso, recuperar tu condición de Santo. La vida está repleta de errores y, desgraciadamente, puede que también de hasta alguna humillación dolorosa. Todos los tenemos. No perdona a nadie. Pero la diferencia entre los verdaderos ganadores y los mediocres carroñeros o simple losers apocados, es la forma de afrontar estos errores. De asimilar el golpe, de levantarte de la lona después del gancho, de aprender de ellos.

 Y es que muchas veces no nos damos cuenta que, para dar ese gran salto por el que tanto hemos luchado, tenemos que tomar impulso tocando el suelo…

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