Si la Constitución fuera una celebrity…

Constitución 1978

Personificación. Sí, se llama personificación. Y es que sería mucho mejor para comprender la actual situación por la que pasa nuestra Constitución, si la pusiéramos piernas, ojos, brazos, nariz y boca, la dotáramos de personalidad y sentido, y la convirtiéramos en un ciudadano más. Pero obviamente, esta nuestra Constitución, no sería un ser para nada corriente…

Hace 35 años fue tremendamente jaleada, ocupó portadas de periódicos durante meses, provocó el jubiló de las masas que salieron a la calle a celebrarla como si fuese ese mundial que aún tardaría muchos años en llegar… Sí, si la Constitución fuera una persona en España, sería una celebrity de primer orden. Pero quizá nos pasaría con ella lo que nos pasa en este país con todos nuestros grandes referentes del acerbo popular. Les endiosamos, les veneramos, hacemos correr kilómetros de tinta por ellos, les llevamos a un altar… Hasta que un día, nos cansamos de ellos. Nos dejan de hacer tanta gracia… Incluso les llamamos “retros”, viejos, pasados de moda, llegándoles  a  obligar en contra de su voluntad a dejar los escenarios y a rememorar días de gloria desde el salón de su casa. Esa multitud que ante les veneraba, pasa a olvidarse de ellos. Los que aún se acuerdan piden su reforma, que se hagan algunos retoques, que se adecúen a los tiempos, que se pongan a la moda, ¡¡que ya están muy viejos!! Y los medios, sí, se acuerdan… Pero prefieren sacar sus miserias a la luz antes que convertir a la celebridad en mito.

Hasta que llega el día en el que desde su condena social al anonimato, mueren. Entonces todo el mundo, otra vez, vuelve a la calle, sus caras vuelven a las portadas de los medios. Su historia da lugar a mil y un documentales e incluso a alguna película hecha miniserie para delirio de la audiencia de la cadena amarillista de turno.

Una vez muertos les dan los homenajes que nunca recibieron vivos. Una vez fuera de escena todos recuerdan lo grandes que fueron, incluso aquellos que negaron el defenderles en sus peores momentos, allí cuando ya no eran tan queridos ni despertaban tanto fervor de multitudes. Pero aún estaban vivos. Quizá por ello ese recuerdo llega demasiado tarde… Tan tarde que su legado se destruyó con el anonimato y ya ni están, ni se les espera.

Si estos párrafos los lee un hábil lector, seguro que es capaz de convertir esa celebrity a la que hemos venido a llamar Constitución en lo que es, nuestra Carta Magna. Ese documento que selló la paz de nuestros abuelos, convirtió en realidad los anhelos de libertad de nuestros padres y a que ahora, como la mejor de las herencias, deberíamos defender sus hijos. Esa obra digna de venerar por la historia reciente de España, esa que adulan fuera de nuestro país y ponen de ejemplo a los pueblos que quieren apostar por la unión en vez de por la guerras.

Hace 35 años España se sentó a una mesa a negociar. Hace 35 años España dejó a un lado sus diferencias y, también, por qué no decirlo, las niñerías propias de infante mimado que hoy nos ocupan. Hace 35 años en España se apostó por la solidaridad, por el progreso, y sobre todo también porque nosotros, las nuevas generaciones, tuviésemos un futuro en democracia, en libertad y en paz.

En nuestras manos queda que nuestra Constitución corra mejor destino que aquellas celebrities que tan mal tratamos en España. Y es que un país que olvida su pasado, está abocado a navegar sin rumbo en su presente, para después, avanzar imparablemente a la deriva en su futuro…

Señores, en esas andamos.  

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