Un joven llamado Adolfo

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Hay un época, allá por los veinte, treinta años, en la que crees con firmeza que te vas a comer el mundo. Da igual lo que se te ponga por delante o quien se te ponga por delante. Tienes unas ideas, tienes unas convicciones, unas ganas enormes de hacer cosas y además, una confianza inconmensurable en que puedes y debes hacerlas. Y por ello te dices a ti mismo que has de defenderlas a muerte. Pues bien, este “joven” del que hoy os vengo a hablar se llamaba Adolfo Suárez. Y es que él era un joven de treinta y pocos años cuando, siendo gobernador civil de Segovia entró en el despacho de Francisco Franco y pensó eso de “yo vengo a pedir lo que tengo que pedir, y sino le gusta que me cese”. Lo que tenía que pedir Suárez era más inversión para su Segovia, que estaba que se caía a cachos. Expuso uno por uno todos los problemas de la región, hasta que Franco le espetó “espero que haya venido usted a algo más que a contarme problemas”. A lo que contestó rápidamente como si llevara la lección aprendida de casa, “no, mi General, vengo a proponerle una solución. “Pues cuénteme…”. “Tan solo necesito que me deje utilizar su nombre 24 horas”. El dirigente, aún sorprendido, quiso probar “parece usted un joven muy audaz, hágalo y deme cuentas”. Y Suárez dio un brinco del sillón y salió por la puerta. Se presentó entonces en el despacho del ministro Laureano López Rodo y le instó a poner a Segovia dentro del plan de provincia especial, o lo que era lo mismo, que invirtieran en la tierra que venía a representar 100 millones de las antiguas pesetas. Dicen López Rodo entró en cólera “me hace un siete al presupuesto”, dijo. Y Suárez, muy ufano, le contestó “no lo he dicho yo, lo ha dicho Franco”. Entonces el Ministro se vio tentado a llamar al General para comprobar si era verdad lo que decía aquel chaval… Pero quizá por la seguridad que demostraba Suárez no se atrevió a ello. Habló entonces a su secretaria y dijo que preguntara en el Pardo si aquel gobernador civil de Segovia había estado por allí. “Sí”, le contestaron. Y los 100 millones de inversión fueron directos a la región de Segovia.

Suárez ganaba así la primera batalla política de su vida. Posteriormente, aquel nieto de un abuelo del frente nacional, y otro del frente rojo conseguiría alzarse victorioso en su gran batalla: bordar la palabra concordia en la historia de España, consiguiendo que todos los españoles, independientemente de su religión, procedencia o ideología, se pudieran sentar a debatir en el mismo hemiciclo para gloria de la libertad y de la democracia.

No hay nada mejor que defender tus ideales, y creer en ti mismo para poder defenderlos.

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