Carta a Sánchez Mato, concejal de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid

Usted no me conoce y yo a usted tampoco. La diferencia entre usted y yo estriba en que usted, al contrario que yo, habla de mí sin conocerme y supone saber qué me gusta, qué hago y qué me mueve. Me molesta y mucho, sí, pero no me lo tomo como nada personal. Es lo que está haciendo usted y su recién creado gobierno con todos los madrileños. Crean dos bandos: los buenos y los malos. A cada uno les asocia una ideología: derecha o izquierda. Y entonces van y se erigen como representantes de esos ciudadanos buenos, tomando para sí el monopolio de la verdad, de la compasión y del buenismo. Mientras, y como no podía ser de otra forma, asocian a los otros, a los ciudadanos malos y a sus representantes, con todo lo contrario. Para finalizar y una vez hecho el reparto moral de la sociedad, llega el momento de actuar en consonancia. Entonces es el momento de defender las acciones que sin razón se realizan contra los “malos” por simplemente eso, porque son muy malos, porque entonces están justificadas… Hay que ver qué mal suena esto, Señor Mato…

Pero así lo hace usted. Buen sabedor de a qué llegan esta clase de divisiones fratricidas, y por qué no se deben hacer. Y así lo hizo en el pasado Pleno del Ayuntamiento de Madrid. Como decía, tras el principio antes esbozado todas las acciones contra los malos están permitidas. Las multinacionales está claro dónde están, en el bando de los muy malos. Entonces hay que subirlas los impuestos para que paguen penitencia. Así lo defendió y después remató: “no soy de su clase”. Y también señaló a los concejales del grupo popular para que quedase bien claro que eran ellos los representantes de la clase de los muy malos. Con sus palabras, devolvió la lucha de clases al consistorio madrileño en pleno Siglo XXI. No creo que nadie en su sano juicio le aplauda por ello.

Pero sí, en algo tiene razón. Efectivamente en el Ayuntamiento de Madrid hay dos bandos. Uno que defiende la libertad de elegir de los madrileños, así como la implantación de empresas en Madrid para que los ciudadanos tengan más oportunidades y, con ellas, sean libres de elegir su destino y conseguir sus sueños. Y el otro bando es el suyo. El que nos pretende decir que hay que opinar y qué no (Madrid.decide.es), cuál es la verdad y cuál no (web Versión Original), con qué medio de transporte ir a trabajar o con cuál no, o incluso, quién merece la libertad y quién no (“Alfon” vs Leopoldo López).

Le decía al principio de esta carta que no me gusta que, usted, sin conocerme, hable de mí. Y es que sí, también soy de las malas, de las muy malas. De las que quieren una ciudad que me brinde oportunidades para que yo elija y decida cuál es mi camino a seguir sin importar de dónde venga (un humilde barrio de Móstoles), dónde haya estudiado (en la educación pública), quiénes son mis padres (dos trabajadores que se quedaban sin vacaciones para que pudiera aprender inglés en Inglaterra) o a quién haya votado en las últimas elecciones (al Partido Popular).

Mala de las muy malas, ¿verdad?

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