Igualdad para soñar

yo

Los sábados por la mañana íbamos a comer a casa de mi abuela materna, una mujer que había tenido que sacar sola a sus hijos adelante en la España de los años 60. Olé. Aun así, mi abuela era machista y mucho, me imagino que fruto de esa sociedad cuyas creencias, a la primera que constreñían, eran a ella misma. Pero qué se le iba a hacer… vaya por delante que ella seguramente habrá sido a una de las personas que más he querido en este mundo. Pero vayamos a la historia…

Todos los sábados había que cocinar, poner la mesa y quitarla después. También levantarse si alguno de los comensales (hombres) quería algo. Y todo esto era una responsabilidad reservada en exclusiva a las mujeres de la casa. Desde que tuve consciencia me rebelé en rotundo. No entendía que tuviera que hacer por obligación algo simplemente por ser niña. Tampoco comprendía que por la razón contraria los niños no tuvieran que hacerlo. Y tampoco quería creer que todos los sueños (o “pajaritos que tenía en la cabeza” como decía mi padre) fueran más difíciles de conseguir por haber nacido mujer. La verdad que todo esto era bien diferente a la educación que recibía en el cole, donde niños y niñas teníamos las mismas oportunidades. Éramos tratados iguales porque simplemente, éramos eso, iguales. Ya sabéis que de pequeños el cole es tu vida, y la verdad que visto así pintaba bastante bien… Yo simplemente quería eso, tener las mismas oportunidades que un niño para hacer mis sueños realidad. Era lo justo, ¿verdad?

Bien es cierto que después te haces mayor, y llega ese momento en el que la realidad se dedica en poner en cuestión la fortaleza de tus sueños, la firmeza de tus convicciones y algo más. Pero crecí pensando que era y debía de ser tratada por igual.

Hoy por hoy y con unos cuantos añitos más, no creo que no haga falta que cada día feminicemos y masculinicemos cada palabra para que nadie se puede sentir ofendido por una generalización en masculino plural. Que llamemos machista a un chico que llame guapa a una chica, o que decida tratarla como una princesa porque haya decida salvarse de la extinción anunciada de su especie de galán. Tampoco me siento mal porque los Reyes Magos sean “reyes” y no reinas, sinceramente, mientras que sus Majestades le regalen a esa niña el balón que quiere y a ese niño la cocinita rosita que le gusta, a mí me da igual… Me gusta ser mujer, me gusta torturarme mis pies con unos taconazos que desafían la gravedad y donde otros ven “dictadura patriarcal” yo lo que digo es que me gusta ir mona y ya está. Y en un día como hoy  sólo quiero eso: que ninguna niña piense que tiene que hacer algo, simplemente, porque nació niña. O peor, que piense que no puede hacerlo, por ser mujer.

Creo que todo se resume en igualdad y libertad. Que se pueda soñar lo mismo, tanto en masculino como en femenino singular.

Feliz día, guapísimas, que nunca dejemos de soñar. 

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One Comment Add yours

  1. puxapali says:

    ¡Hola Sonia!

    Yo soy de los que he dejado de usar el masculino plural para usar ambos géneros. Desde mi humilde opinión, el lenguaje también es un ejemplo de la desigualdad que existe entre las mujeres y los hombres. Cierto es que usar “las y los” pudiendo usar solamente “los” no revolucionará las cosas, pero muchos pequeños gestos (emulando a lo que decía Galeano de “mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”) acaban sumando y terminan por virar actitudes y conciencias. Por eso a mí, que quiero la igualdad entre ambos sexos, me parece que es una manera de contagiar a los demás a que copien mi sistema. Y creo que, afortunadamente, cada vez somos más personas que utilizamos el femenino y el masculino.

    Con lo demás daría para una tesis doctoral xD.

    ¿Por qué? Pues porque, efectivamente, tienes dos pies que los calzarás como bien te guste, sin tener que darle explicaciones a nadie. Bien es cierto que parece que la moda masculina es más sencilla y cómoda de poner que la femenina, mucho más exigente en cumplir unos cánones de belleza a veces muy extremos… pero bueno, no dejas de tener razón que una bajo su conciencia es la que decide llevar taconazos o no.

    El flirteo… no sé, quizás también es muy interpretable hasta donde llega el machismo o no. Ahí estuvo el célebre caso de una periodista que le pareció mal que un chico en una biblioteca le quisiera invitar a un café (http://bit.ly/2n7JI94). Yo creo que todo hay que verlo según su contexto. No debería haber nada malo en querer conocer a nadie, y yo soy el primero que a través de redes sociales hablo con muchísima gente que vive a miles de kilómetros de Oviedo y en cambio no conozco a ni un solo vecino de mi portal.

    En fin, yo creo que el 8 de marzo debe seguir existiendo hasta que haya una igualdad real entre las mujeres y los hombres. Es objetivo decir que cobráis menos que nosotros haciendo lo mismo y eso es inaceptable. Siempre habrá una desigualdad, y no solamente de género, pero para eso estamos ahora los que ocupamos responsabilidades políticas. Es difícil el camino pero no imposible.

    Cuídate, un besín desde Asturias. Diego 😉

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