Mensaje de la democracia: “no en mi nombre”

tintori

 

Hace poco más de un día Lilian Tintori, esposa del disidente venezolano encarcelado, Leopoldo López, era retenida en el aeropuerto de Guayaquil en Ecuador. Le quitaron el pasaporte durante el tiempo que duró la retención y sólo se lo devolvieron cuando la embarcaron en un vuelo con dirección a Miami. El “gobierno de los trabajadores” como le gusta llamarlo al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, no quería que “sus” trabajadores escucharan lo que venía a contar Tintori desde Venezuela. No quería que mostrara una realidad ya no muy diferente a la que se vive en Ecuador. Tampoco que Lilian cumpliera con el propósito de su viaje y se reuniera con el líder de la oposición, Guillermo Lasso. No, lamentablemente el gobierno no quiso. Y Rafael Correa, el que dice salvaguardar la democracia de “su” pueblo, se bastó de “su” democracia para hacerlo.

No hace falta ni siquiera cruzar el Atlántico para ver cómo en nombre de la “democracia” y del “pueblo”, se valen de esa democracia para ultrajar los derechos y las libertades de ese pueblo. No pasó muy lejos de donde me lees, sucedió justo aquí, en el Madrid desde el que te escribo. Donde el autollamado “gobierno de la gente” decidió que Lilian Tintori y los familiares de Leopoldo López y otros disidentes venezolanos no era aptos para ser recibidos en el Ayuntamiento de Madrid. La oposición del Partido Popular tuvo que solicitar en el Pleno que ese “gobierno de la gente” se dignara a hacerlo. Y cual sería la sorpresa cuando Mauricio Valiente, tercer teniente de Alcalde y responsable del Plan de Derechos Humanos de la Ciudad, votó en contra. Debe de ser que para él estos invitados no eran gente y que sus derechos humanos no debían ser atendidos ni salvaguardados. Que la humanidad no servía para aquellos que no tienen su ideología y se rebelan contra ella. Que la democracia es sólo democracia para aquellos que, sin rechistar, le dan el OK a sus ideas. Sino no son gente, sino no hay democracia para ellos.

Si la democracia fuera una persona, seguramente sería un ente bastante apaleado que observaría cada día como le azotan los que dicen defenderla mientras la usan de disfraz para tapar su verdadero ser dictatorial. Seguramente soltaría un “ey, basta ya”, y seguramente por eso, por ese “no” , por ese “basta ya”, sería negada de sus derechos por aquellos que dicen hablar en su nombre.

Ya vale, ¿no?

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