Tú, ponte

Guerrilla 2.0.

Tú ponte que un sábado cualquiera, vas con tu novio y con una pareja de amigos a un bar. Tú ponte que os lo estáis pasando bien, que os estáis tomando unas copas y que tu novio decide ir al baño. Tú ponte que alguien le para, que le pregunta si es un “madero”. Tú ponte que sí que lo es, y que por eso contesta “sí, pero estoy en mi tiempo libre”. Tú ponte que ese alguien le grita “pues menos tiempo libre”, y se va. Tú ponte que desde ese momento sientes como si todo el bar te empezara a señalar y a mirar.

Tú ponte que sólo queréis tener la fiesta en paz. Tú ponte que por eso hacéis como si no pasara nada cuando os tiran el primer vaso, total, no os ha dado, lo dejáis pasar. Tú ponte que un rato después va un grupito directamente a por vosotros y os preguntan que qué hacéis allí. Tú ponte que el amigo de tu novio, que también es “madero” les dice que no estáis haciendo nada, que os dejen en paz. Tú ponte que no os hacen caso, y que el cabecilla de la pandilla empieza a gritar quiénes sois y anima a todo el bar a que os insulten y a que os echen. Tú ponte que empiezas a escuchar “os vamos a matar por ser guardia civiles”. Y ponte que intentas hablar con una de las chicas del grupo para pedirle tranquilidad. Ponte que ella te contesta “eso os pasa por venir aquí, tenéis lo que os merecéis”, y parece que la incendias aún más. Tú ponte que ya os rodean un grupo de 25 personas y que sólo oyes “Esto os pasa por venir aquí, iros de aquí, hijos de puta pikoletos, os tenemos que matar por ser guardias civiles, cabrones txakurras”. Y tú ponte que a partir de ahí os empiezan a pegar. Ponte que arman un “paseíllo” para que salgáis de el bar, y que os caen todo tipo de patadas y puñetazos. Tú ponte que a la salida os esperan 20 personas más para seguir con la paliza. Y ponte que hay muchos grabando con su móvil, pero nadie capaz de utilizarlo para llamar a la policía. Tú ponte que al final es tu novio, desde el suelo y echando sangre por la boca, el que tiene que llamar…

Tú ponte que después de unos meses, Pablo Iglesias invita a los familiares de tus agresores a hacerles un recibimiento en el Congreso. Tú ponte que el Congreso es el lugar donde se tendría que velar por tus derechos, por tu integridad y por tu libertad. Tú ponte que incluso los diputados de Podemos firman un manifiesto de solidaridad con los agresores.

Tú, ponte.

Si mi abuelo Meco hubiera estado en el Comisionado de Memoria Histórica

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Me imagino que serían cosas de niños, yo que sé… Pero hubo una época, cuando mi primo Fernando y yo no contábamos más de 8 años, que no dejábamos de preguntar a mi abuelo por la Guerra Civil. Entonces Emérico,  más conocido como “Meco”, ese chaval que con 18 años se vino de Segovia a Madrid y allí le “pilló la guerra”, como decía él, intentaba pasar del tema o directamente mandar callar a esos niños que parecían preguntar muchísimo más de  lo que él quería contar. Y es que nosotros no sabíamos de esa regla-condición que Meco había impuesto en su casa antes de que  naciésemos “aquí de política no se habla”. Y nadie se la discutió hasta que mi tía decidió ir a la Universidad y así “la estudianta” parecía hablar mucho más que lo que el bueno de Meco quería escuchar. Pero nosotros seguíamos dale que dale, no pillábamos la indirecta. Hasta que un día le dijimos… “bueno, si no nos cuentas nada dinos al menos quién gano, ¿ganaron los buenos?” Y debe ser que la duda le tocó la fibra porque hizo una prórroga en su silencio “en una guerra todos son malos”. Y no volvió a hablar del tema jamás.

Años después, mi madre, su hija, me contó el verdadero significado de la historia, y el porqué del mutismo de mi abuelo. Como os comentaba antes, él, con 18 años puso sus sueños en Madrid, un Madrid que al tiempo de recibirle se sumió en fuego y bombas. Meco no quería saber nada de política, él sólo quería tener una vida mejor que la que tenía en el pueblo. Por lo que pasó los primeros años de la guerra ayudando a su hermano en una tienda de ultramarinos. Una mañana un obús cayó del cielo y asoló el comercio. Mi abuelo estaba a escasos metros de su hermano. Meco salió ileso, su hermano muerto.

Estuvo en el bando de los del “no pasarán”, luego se cambió a los que pasaron. Volvió a su pueblecito de Segovia para después traer a una familia de siete hijos a Madrid, y dicen que vivió enormemente feliz en la España de Franco. Mi abuelo no quería hablar de política, tampoco que ninguno hablásemos de ella y menos aún que nos metiéramos en esos asuntos, de ser políticos ya ni hablamos. Nos hizo creer que borró de su mente todo recuerdo de esa España cainita, y si insistías no le sacabas más que eso, que en una guerra, todos eran malos. Y lo decía él que levantó puño y después brazo. Y simplemente le pidió a España vivir en paz. Él, que sí vivió la guerra, nunca nos dijo nada bueno de unos, ni malo de otros. Simplemente no dijo nada. Y así consiguió que nosotros, sus nietos, viviéramos sin odio, con el único convencimiento de que todos los que matan son malos. Y también que en este país ya se había matado lo suficiente. A mí me gustaba llamarlo el espíritu de la transición. Dice mi madre que para él era, simplemente, era vivir en paz. Tan sencillo como eso.

Os cuento esto porque me acaba de llegar al mail la revisión que el Ayuntamiento de Madrid va a realizar sobre el callejero madrileño. Después de que sus calles hayan sido sometidas al “comisionado de memoria histórica”, han decidido cambiar las placas dedicadas a personas que combatieron en un bando, por otras que combatieron en otro. Las explicaciones que dan es que unos eran malos malísimos, y los otros eran buenos porque, haciendo lo mismo, tuvieron peor suerte.

 

Ojalá que Meco hubiera podido vivir lo suficiente para contarle un par de cosas a ese comisionado. Lo de que yo salí política mejor no se lo contamos…

Mensaje de la democracia: “no en mi nombre”

Guerrilla 2.0.

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Hace poco más de un día Lilian Tintori, esposa del disidente venezolano encarcelado, Leopoldo López, era retenida en el aeropuerto de Guayaquil en Ecuador. Le quitaron el pasaporte durante el tiempo que duró la retención y sólo se lo devolvieron cuando la embarcaron en un vuelo con dirección a Miami. El “gobierno de los trabajadores” como le gusta llamarlo al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, no quería que “sus” trabajadores escucharan lo que venía a contar Tintori desde Venezuela. No quería que mostrara una realidad ya no muy diferente a la que se vive en Ecuador. Tampoco que Lilian cumpliera con el propósito de su viaje y se reuniera con el líder de la oposición, Guillermo Lasso. No, lamentablemente el gobierno no quiso. Y Rafael Correa, el que dice salvaguardar la democracia de “su” pueblo, se bastó de “su” democracia para hacerlo.

No hace falta ni siquiera cruzar el Atlántico para ver cómo en nombre de la “democracia” y del “pueblo”, se valen de esa democracia para ultrajar los derechos y las libertades de ese pueblo. No pasó muy lejos de donde me lees, sucedió justo aquí, en el Madrid desde el que te escribo. Donde el autollamado “gobierno de la gente” decidió que Lilian Tintori y los familiares de Leopoldo López y otros disidentes venezolanos no era aptos para ser recibidos en el Ayuntamiento de Madrid. La oposición del Partido Popular tuvo que solicitar en el Pleno que ese “gobierno de la gente” se dignara a hacerlo. Y cual sería la sorpresa cuando Mauricio Valiente, tercer teniente de Alcalde y responsable del Plan de Derechos Humanos de la Ciudad, votó en contra. Debe de ser que para él estos invitados no eran gente y que sus derechos humanos no debían ser atendidos ni salvaguardados. Que la humanidad no servía para aquellos que no tienen su ideología y se rebelan contra ella. Que la democracia es sólo democracia para aquellos que, sin rechistar, le dan el OK a sus ideas. Sino no son gente, sino no hay democracia para ellos.

Si la democracia fuera una persona, seguramente sería un ente bastante apaleado que observaría cada día como le azotan los que dicen defenderla mientras la usan de disfraz para tapar su verdadero ser dictatorial. Seguramente soltaría un “ey, basta ya”, y seguramente por eso, por ese “no” , por ese “basta ya”, sería negada de sus derechos por aquellos que dicen hablar en su nombre.

Ya vale, ¿no?

Test para averiguar si el uso de tu coche te convierte en sospechoso para el Ayuntamiento de Madrid

Guerrilla 2.0.

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La imagen lo dice todo. El que lo subscribe es nada más, ni nada menos, el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid. Para empezar diré que a mí, como madrileña, no me ha llamado nadie para consensuar… no sé a vosotros. Pero es que iros preparando que Calvo no es el único que piensa así. El notcar friendly es toda una doctrina de fe dentro del Gobierno de Carmena. Una nueva forma, y ya son muchas, de clasificar a los madrileños entre buenos y malos. Y te advierto que si tienes coche… ya partes con la vitola de muy sospechoso.

Desde Ahora Madrid se llegó a decir que el uso del utilitario consistía en una “privatización del suelo público por parte del conductor” (Olé). Y tú que creías que estabas sólo conduciendo… ¡insensato! Pero vayamos a lo que te ha llevado hasta aquí, a eso de que te van a racionalizar el uso de TU COCHE y que sin saberlo puedes ser sospechoso de no ser lo suficientemente progrecool (la nueva élite madrileña que decide el destino de la ciudad) por el Ayuntamiento de Madrid.

Lo de racionalizar te lo explico fácil… Carmena quiere reducir la circulación del vehículo privado en Madrid: aumentar esa zona de centro en la que ya no puedes conducir sin ser multado (la famosa APR), aumentar los cortes en arterías vitales de la ciudad (como ya se hizo en el Paseo del Prado y en la Gran Vía) y retirar de la circulación a los coches con más años para premiar a los “ECOs” (para los que por cierto no tiene red para abastecer http://bit.ly/2mYsr4K). A estas medidas, se unen otras como las de reducir la velocidad a 70km/h en la M30 o la prohibición de aparcar en determinadas zonas de Madrid. No sé qué tal se te da eso de captar las indirectas pero parece que si eres conductor, no estás muy bien visto por Ahora Madrid.

Y ahora ya sí, aquí tienes este test que te ayudará a saber si eres sospechoso de no ser lo suficientemete progrecool y por tanto para encajar  y ser considerado en el nuevo ecosistema de este Madrid que está construyendo (o destruyendo) Podemos bajo el disfraz de Ahora Madrid. ¡Suerte!

  • Si vives en Madrid y utilizas tu coche para llevar a los niños al colegio, eres sospechoso.
  • Si los fines de semana quieres acceder a tu coche al centro, eres sospechoso.
  • Si quieres ir a visitar en coche a algún familiar o amigo que vive en Madrid, eres sospechoso.
  • Si necesitas ir al médico o al hospital en Madrid, da igual que estés malito, eres sospechoso.
  • Si quieres ir de comprar por Madrid y quieres ir en tu coche, sospechoso y capitalista.
  • Si quieres acceder al centro con tu coche en Madrid, eres sospechoso.
  • Si quieres cruzar la Gran Vía en coche en Navidad, eres muy muy sospechoso y directamente no te van a dejar.
  • Si trabajas en Madrid y quieres ir a tu trabajo en coche también, sospechosísimo ¡¡el buen obrero no va en coche!!
  • Si tienes un coche viejito y no tienes intención de cambiarlo. Sospechoso también por no tener una media de 10.000.000 € para cambiarlo.
  • Si se te da mal montar en bici y defiendes el uso de tu coche para moverte por Madrid, aparte de olvidarte de poder ser progrecool para toda tu vida, eres muy sospechoso y neoliberal (que sepas que esto último es lo peor que el nuevo Gobierno te puede llamar).

En las contestaciones del post podéis dejar cuán sospechoso sales después de hacer el test. ¡Buenos días Madrid!

Igualdad para soñar

Guerrilla 2.0.

yo

Los sábados por la mañana íbamos a comer a casa de mi abuela materna, una mujer que había tenido que sacar sola a sus hijos adelante en la España de los años 60. Olé. Aun así, mi abuela era machista y mucho, me imagino que fruto de esa sociedad cuyas creencias, a la primera que constreñían, eran a ella misma. Pero qué se le iba a hacer… vaya por delante que ella seguramente habrá sido a una de las personas que más he querido en este mundo. Pero vayamos a la historia…

Todos los sábados había que cocinar, poner la mesa y quitarla después. También levantarse si alguno de los comensales (hombres) quería algo. Y todo esto era una responsabilidad reservada en exclusiva a las mujeres de la casa. Desde que tuve consciencia me rebelé en rotundo. No entendía que tuviera que hacer por obligación algo simplemente por ser niña. Tampoco comprendía que por la razón contraria los niños no tuvieran que hacerlo. Y tampoco quería creer que todos los sueños (o “pajaritos que tenía en la cabeza” como decía mi padre) fueran más difíciles de conseguir por haber nacido mujer. La verdad que todo esto era bien diferente a la educación que recibía en el cole, donde niños y niñas teníamos las mismas oportunidades. Éramos tratados iguales porque simplemente, éramos eso, iguales. Ya sabéis que de pequeños el cole es tu vida, y la verdad que visto así pintaba bastante bien… Yo simplemente quería eso, tener las mismas oportunidades que un niño para hacer mis sueños realidad. Era lo justo, ¿verdad?

Bien es cierto que después te haces mayor, y llega ese momento en el que la realidad se dedica en poner en cuestión la fortaleza de tus sueños, la firmeza de tus convicciones y algo más. Pero crecí pensando que era y debía de ser tratada por igual.

Hoy por hoy y con unos cuantos añitos más, no creo que no haga falta que cada día feminicemos y masculinicemos cada palabra para que nadie se puede sentir ofendido por una generalización en masculino plural. Que llamemos machista a un chico que llame guapa a una chica, o que decida tratarla como una princesa porque haya decida salvarse de la extinción anunciada de su especie de galán. Tampoco me siento mal porque los Reyes Magos sean “reyes” y no reinas, sinceramente, mientras que sus Majestades le regalen a esa niña el balón que quiere y a ese niño la cocinita rosita que le gusta, a mí me da igual… Me gusta ser mujer, me gusta torturarme mis pies con unos taconazos que desafían la gravedad y donde otros ven “dictadura patriarcal” yo lo que digo es que me gusta ir mona y ya está. Y en un día como hoy  sólo quiero eso: que ninguna niña piense que tiene que hacer algo, simplemente, porque nació niña. O peor, que piense que no puede hacerlo, por ser mujer.

Creo que todo se resume en igualdad y libertad. Que se pueda soñar lo mismo, tanto en masculino como en femenino singular.

Feliz día, guapísimas, que nunca dejemos de soñar. 

Empieza por D: diálogo, desfachatez y dimisión

Guerrilla 2.0.

Escribo estas líneas a una hora escasa de que Mariano Rajoy y Albert Rivera rubriquen un acuerdo cargado de buenas intenciones, pero que todo apunta a que no será suficiente para desenredar la madeja de la sinrazón política y conseguir que casi un año después se forme gobierno en España. Buen intento ese de sentarse a negociar, buen intento ese de ceder, buen intento ese de dialogar. Pero parece que no bastó, no en esta España del “vuelva usted (a votar) mañana.

Los que nacimos varios años después de la aprobación de la Constitución del 78,  tuvimos que ser testigos de la Transición por los libros de historia, apuntando fechas, nombres y acuerdos so pena de que cayera en Selectividad. Y parece que nos sirvió para eso y poco más. Tampoco parece que les sirviera para mucho a aquellos que les pilló ya un poco más mayores, lo suficiente para ser conscientes de la envergadura del momento histórico, pero que pese a ello hoy deciden dejar a un lado los sillones del diálogo y optar por una silla de chiringuito a las orillas de la playa. “ Pedro Sánchez no descarta unas terceras vacaciones”… Irozinaba esta semana un meme cargado de tanta sorna como de cruda realidad.

Y así llega nuestra segunda D: la desfachatez. Decía antes que los que estudiamos la transición en versión Santillana (en libro de texto, subrayadita y con notas al pie de página), nos quedó claro que había sido el triunfo del diálogo y del consenso. Del “perder todos para que todos ganásemos” como escuché una vez. Y así llegó la democracia y las décadas más prosperas y en paz de la historia reciente de España. Así, hasta que llegaron los que, ajenos a esta herencia, cambiaron la D del diálogo por otra D, la de la desfachatez. Los que creyeron que el destino del país (también con D) era algo tan insignificante que ni siquiera tendría que suponer el interrumpir tu baño solar y atender una llamada de teléfono, mucho menos el dejar atrás tus vacaciones y venirte a Madrid a decidir qué solución damos a este país . “No, no y no. Y pásame la crema, que el sol de Agosto es mucho más traicionero que mi Comité Federal”.


Y así es como llegamos a la última D: dimisión. Decía también un meme que a tenor de lo visto los últimos años, muchos políticos españoles creían que “dimitir” es un nombre ruso. Debe de serlo. Sino no se comprende que tras el espectáculo de vergüenza ajena que está protagonizando el líder del Partido Socialista (más propio de una película de Berlanga que lo que cabría esperar de la agrupación política más longeva de nuestro país) asumiera su ineptitud y, tirando también de canción del verano, cogiera su bicicleta y abandonara Ferraz.
Podría así seguir con la ruta del chiringuito y ampliarla más, por toda España, por toda Europa, por todo el mundo, sky is the limit, Mr. Sánchez!. Y disfrutarlo como Dios manda, sin el peso de una responsabilidad no asumida en sus espaldas que seguramente le haga no acabar de digerir en condiciones el pescaito frito. Sin miles de cámara detrás que, a medio camino entre el Sálvame de turno y la actualidad nacional, dieran testigo de cómo se da mus al negociar mientras constatan que aquel que presumía de haber sido jugador de baloncesto ya perdió el sixpack. Y sí, sobre todo sin la mirada reprobatoria de una población, tan falta de buenas vacaciones como de soluciones, que le mirara así como diciendo… “oye majo, ¡vale ya!”

El día en que vi cómo a Pedro Sánchez le preguntaban si era un líder y si iba a cambiar el mundo

Guerrilla 2.0.

Lo bueno de tener un blog desde hace tanto tiempo es que muchas veces te sirve como hemeroteca particular. Así hoy puedo remitirme a este post, en el que os contaba el resumen de tres clases magistrales en el IESE por parte de Steve Jarding, recién traído de la Harvard Kennedy School. Como os comenté en la ocasión, Jarding se jactaba de crear líderes, por eso, al inicio de sus clases hacía una pregunta que estaba a medio camino entre el coaching más activo y la americanada más profunda…

 

 

 

 

 

 

“¿Saben ustedes qué es un líder? Alguien que quiere, puede y va a cambiar el mundo. Si ustedes no creen que van a cambiar el mundo abandonen esta clase. Aquí sólo formamos líderes”.


Y así, presos de ese subidón, nos sumergía a todos en unas lecciones materialmente poco provechosas (contaba cómo ganar elecciones en Estados Unidos, pero con unos métodos poco admisibles por la Ley Electoral española) pero que hablaban de líderes, de esos queridos líderes que tuvo el honor de amasar entre sus manos, y de su ejemplarizante y patriótico sentido de Estado.


Lo que no os conté en ese post era que en ese hemiciclo de sillones mullidos, santo y seña de las aulas del IESE, se encontraba un chico joven y bastante guapete, que decía ser diputado socialista. Esa, su presentación, fue su única intervención durante todo el programa. Y sí, su nombre era Pedro Sánchez.

Años después me imagino al retraído Sánchez escuchando a Jarding, y preguntándose si el debería permanecer en esa clase, si él iba a cambiar el mundo. Y quiero imaginármele escondiendo su mirada en los libros, no fuera que alguien repara en él, en su verdad, y sabedor de ella le hiciera abandonar el hemiciclo.

Durante esos días el que hoy se hace llamar “líder” del Partido Socialista, aprendió técnicas para ganar unas elecciones, que a tenor de los resultados le sirvieron de bien poco… El mismo provecho sacó a los consejos políticos de Jarding y a esa visión de la política como arma necesaria para hacer un país mejor que traía el profesor de Harvard.

Pero quién sabe… Puede que Sánchez se quedara ahí porque él quería cambiar el mundo sí, pero a su manera… A esa manera entre Marx (Groucho), Maquiavello y un comprador de muebles de ocasión. Algo así como un mejunje entre “estos son mis principios, sino le gustan tengo otros”, “el fin siempre justifica los medios”, y “todo vale por un buen sillón”.

Quién sabe si él quería y quiere demostrarnos en qué se convierte la política cuando se banaliza por completo: una cuestión de egos en la que tu yo pasa por encima, cual apisonadora, de la estabilidad de tu país; en el que tus intereses, tu sálvese quien pueda particular, vale más que el salvar el futuro de 44 millones de personas; en el que tú, tú, y sólo tú, te has convertido en el único sentido de Estado que rige en tu sesera.

Quizás esa era y es la forma de cambiar el mundo que tenía Sánchez. Quizá por eso tampoco quiso moverse del sillón del IESE y cedérselo a otro alumno que le fuera a sacar más provecho.

A las pruebas me remito. 

De cómo tu futuro y el mío pende de un hilo “por probar”

Guerrilla 2.0.
¿Sabéis por qué dicen que los anuncios de la DGT, esos que simulan un accidente, no funcionan? ¿No hacen que la gente preste más atención o baje la velocidad? Creo que es algo así conocido como el falso par, o en cristiano el “eso no me va a pasar a mí”. A nuestro cerebro le da miedo, expulsa la imagen de la mente sin ni siquiera procesarla, y entonces se dice así mismo que eso no va a pasar. El resultado directo de esta negación intencionada es la pérdida del miedo (otra herramienta creada por el cerebro para ponernos en alerta), y sigue corriendo, o distrayéndose al volante, hasta que un día… Pasa.
Os cuento esto porque es la única forma que tengo de explicar parte del voto de Podemos. El no radical. Esa gente que sin tener un pensamiento de extrema izquiera ha votado a Pablo Iglesias, incluso después de ver toda su hemeroteca y observar cómo lanzaba odas a Chávez incluso a la mismísima ETA. Creo que les pasaba eso. Que por algún motivo les encandalizó con su mensaje, y cuando los demás les decíamos que esos de Podemos eran los artífices de lo que había pasado en Venezuela, ellos mismos se decían lo de “no, eso no va a pasar aquí”.
Sinceramente creo que en los últimos años Papa Estado se ha sobredimensionado y nos ha convertido a todos en ciertos niños de “papá”, de “papá estado”. Como niños malcriados no nos hacemos responsables de nuestras decisiones, y así si son desafortunadas le echamos eso… la culpa a papá. Una vez alguien me dijo que si el país iba para adelante era acierto de los ciudadanos, y que si iba para atrás era culpa de los políticos. Y que para eso estaban los políticos, “la casta”, para que se les culpara y se les insultara. Y sí, él también votó a Podemos. Y os asombraría ver cómo habla tanto de estos temas cómo lo poco que le importa el futuro de España. Que al fin y al cabo es tanto tu futuro como el mío.
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Pero también hay otra cosa por la cual parte de los votantes de Podemos han votado a Pablo Iglesias. Agarraos al sofá: “por probar”. Y conste que lo digo con conocimiento de causa, porque al no poder imaginarme la razón del voto no he hecho más que preguntar. Pues “por probar” me han dicho. Por probar… Como si tu futuro, ese que te he dicho que es tanto tuyo como mío, fuera algo tan baladí como para ponerlo en una probeta de ensayo y ver qué pasa. Si sale mal ya sabéis, los políticos tuvieron la culpa… Parece que los que los votaron simplemente pasaban por ahí.
Las inversiones en España se han parado ante la incertidumbre del qué pasará en el Congreso. El Ibex está sometido a una montaña rusa pero sin alzas, toda para abajo… La prima de riesgo, esa de la que nos habíamos olvidado, vuelve a reaparecer en escena para decirnos que si dentro de nuestras propias fronteras no nos fiamos de nosotros, fuera mucho menos… Pero ellos decidieron votarles: “por probar”.
Quizá fue porque nadie les contó en qué se materializaba todo esto que os contaba en el párrafo anterior: La paralización de inversiones hace que igual esa empresa en la que iban a encontrar un empleo ya no abra, o que esa otra paralice su ampliación de personal y viendo cómo están las cosas decida aguantar. Lo mismo pasa con las 35 del Ibex, con sus bancos, que decidirán cerrar otra vez el grifo del crédito haciendo que más empresas cierren (puede que alguna sea en las que esos que decidieron probar tenían su trabajo) o que ese fulanito que se iba a comprar un coche ya no se lo compre porque no tiene con qué. La paralización del consumo, antesala de toda crisis, que puede con todo. Pero ellos decidieron probar.
Y así, estamos en España. En manos de un chavista llevado al Congreso por aquellos que un día decidieron que su futuro, el tuyo y el mío, es algo con lo que poder jugar a la ruleta rusa. Aunque yo creo que esa ruleta más que rusa, tiene acento caribeño y dejes chavistas venezolanos.
Pues eso, España, qué decirte…
Que si algún día te destrozan a cachos no te lo tomes a mal.
No era a mala fe, ellos te querían. Tan solo fue una chiquillada.
Tan solo lo hiceron “por probar”.

Carta a Sánchez Mato, concejal de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid

Guerrilla 2.0.

Usted no me conoce y yo a usted tampoco. La diferencia entre usted y yo estriba en que usted, al contrario que yo, habla de mí sin conocerme y supone saber qué me gusta, qué hago y qué me mueve. Me molesta y mucho, sí, pero no me lo tomo como nada personal. Es lo que está haciendo usted y su recién creado gobierno con todos los madrileños. Crean dos bandos: los buenos y los malos. A cada uno les asocia una ideología: derecha o izquierda. Y entonces van y se erigen como representantes de esos ciudadanos buenos, tomando para sí el monopolio de la verdad, de la compasión y del buenismo. Mientras, y como no podía ser de otra forma, asocian a los otros, a los ciudadanos malos y a sus representantes, con todo lo contrario. Para finalizar y una vez hecho el reparto moral de la sociedad, llega el momento de actuar en consonancia. Entonces es el momento de defender las acciones que sin razón se realizan contra los “malos” por simplemente eso, porque son muy malos, porque entonces están justificadas… Hay que ver qué mal suena esto, Señor Mato…

Mis preguntas para Albert, el chico de moda

Guerrilla 2.0.

Estarán conmigo en que si algo se nos da bien en España es crear modas y, luego, apuntarnos a ellas como los que más. Nos va lo trendy, vamos… No vaya a ser que luego nos tachen de old fashioned y dejemos estar en la onda de lo cool y lo socialmente correcto. ¿No? Pues tienen razón, no, en la mayoría de los casos.

Pero parece que los medios nos quieren contar todo lo contrario. Somos espectadores de un sistema mediático convertido en show business sin parangón, en el que cada día se juega a reinventar y arreglar 1000 veces España para que, después, a la hora de irse a dormir, nuestro dolorido país se vaya a la cama incluso un poco más deshilachado y maltrecho que antes. Pero son estos medios, con el buzz teledirigido de las redes sociales, los que intentan imponernos eso que les comentaba en el primer párrafo, la dictadura de lo social y “cool-mente” correcto.

Esta semana, sin duda, el chico de moda es Albert Rivera. Sus ideas, su forma de cambiar España, e incluso su forma de defenderla. Se olvidan así del partido que ha llevado esta misión casi en silencio (por imperativo de esa cultura de lo cool-mente correcto), de los que hemos cargado sobre nuestras espaldas el hartazgo de ser llamados “fachas” sin más razón de creer en lo que crees y defenderlo con orgullo: ESPAÑA, UNIDA. Pero no, hoy el chico de moda es Albert. Un catch-all guy, cabeza de lista y fundador del mayor de los catch-all parties del espectro nacional. Y es que Albert, tiene la habilidad de parecer que se mete en muchos charcos, pero la verdad es que sale tan sequito que te hace preguntarte si de verdad metió el pie en alguno.

Defiende España en Cataluña. Bien, aplaudible, loable y muy agradecidos por ello. Pero deja en el tintero muchos temas que estaría bien saber antes de concederle una confianza de 4 años en forma de voto. Por ejemplo: ¿son liberales o socialdemócratas? Para muchos ciudadanos esta puede ser una disyuntiva sin importancia, pero créanme que sí que importa a la hora de dejar en las manos de unos u otros el dinero que tanto nos cuesta ganar con el sudor de nuestra frente. Otra pregunta, ¿en el caso de tener que gobernar el próximo mes de Diciembre un país, en el que todo apunta que las mayorías absolutas han quedado relegadas a los libros de historia, con quién lo haría? ¿Con Rajoy o con Sánchez? (Discúlpeme el lector del partido morado por no meter a Iglesias en la pomada de los presidenciables, pero es que parece que por fin la voluntad de romper con todo no cotiza a la alza en España). Y, sobre todo y lo más importante. Dejando ya a un lado las frases tan manidas, infalibles para ganar una tertulia de noche de sábado pero difícilmente adaptables a la realidad, de este, nuestro país, ¿cuál es su modelo para gobernar España? Y es más, ¿por qué confiarle mi futuro a usted, cuando nunca, ni de refilón, ha gestionado lo público, es decir, el presente y el futuro de todos?

¿Saben qué es lo malo de las modas? Que vas cayendo poco a poco en ellas y te absorben, hasta que modifican tu personalidad y llenan tu armario de cosas a las que dentro de un año le darás poca o ninguna utilidad. Incluso llegará el día en el que te preguntarás qué te llevó a comprarlas. Yo estoy harta de que entreguemos el futuro de nuestro país, nuestro futuro, a la moda del momento… ¿No les pasa a ustedes que luego se les llena el “armario” de cosas que no tienen utilidad y se preguntan por qué las compraron?

Pues eso.